Al abordar el tema de cómo traducir a los clásicos, debemos recordar que no sólo estamos discutiendo posiciones teóricas, sino también estrategias pragmáticas que dan forma a la experiencia de individuos concretos. (J. M. Coetzee)
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Mart. 11, 73

Siempre que te lo pido, Ligdo, me jurás que vas a venir, diciéndome cuándo y dónde. Pero, después de un rato acostado, esperando de gusto, al palo por la calentura, muchas veces, te tengo que reemplazar con mi mano izquierda. ¿Qué desearte, mentiroso, ante actitudes y conductas como esas? Ojalá, Ligdo, que termines llevándole la sombrilla a una amante tuerta, como si fueras su esclavo.

venturum iuras semper mihi, Lygde, roganti
    constituisque horam constituisque locum.
cum frustra iacui longa prurigine tentus,
    succurrit pro te saepe sinistra mihi.
quid precer, o fallax, meritis et moribus istis?
    umbellam luscae, Lygde, feras dominae.

Mart. 11, 22

Tu áspera boca se refriega sobre los suaves besos del rubio Galeso, te acostás con un Ganímedes desnudo... Y, sí, es demasiado, nadie puede negarlo. Pero, por lo menos, conformáte con eso y dejá de frotarle el sexo con tu mano pajeadora. En los jóvenes sin barba, cuando una mano hace esto es más peligrosa que una pija, porque los dedos los vuelven viriles demasiado pronto. Enseguida empiezan a tener olor a transpiración, les crece la barba –para sorpresa de sus madres– y ya no les gusta usar los baños públicos a la luz del día. La naturaleza dividió al hombre en dos partes: una es para las mujeres y la otra para los varones. Usá la tuya, che.

mollia quod nivei duro teris ore Galaesi
    basia, quod nudo cum Ganymede iaces,
(quis negat?) hoc nimium est. sed sit satis; inguina saltem
    parce fututrici sollicitare manu.
levibus in pueris plus haec, quam mentula, peccat,
    et faciunt digiti praecipitantque virum:
inde tragus celeresque pili mirandaque matri
    barba, nec in clara balnea luce placent.
divisit natura marem: pars una puellis,
    una viris genita est. utere parte tua.

Mart. 11, 21

Lidia la tiene tan dilatada como el culo hueco de los jinetes de bronce que se encastran sobre las estatuas ecuestres, como esos estridentes aros que hacen rodar rápidamente los niños, como los círculos metálicos numerosas veces atravesados por los equilibristas sobre el columpio, como un viejo zapato ensanchado al empaparse con agua fangosa, como la ancha malla de las redes para cazar tordos errantes, como los toldos que embolsan el viento sobre el teatro de Pompeyo, como una pulsera al deslizarse por la huesuda muñeca de un maricón tuberculoso, como un almohadón sin su relleno de lana leuconia, como los holgados pantalones viejos de un britano pobre, y como el buche deforme de un pelícano de Ravena. Dicen que me la garché en un estanque de agua salada. No sé. Creo que me cogí el estanque.
 
Lydia tam laxa est, equitis quam culus aheni,
    quam celer arguto qui sonat aere trochus,
quam rota transmisso totiens inpacta petauro,
    quam vetus a crassa calceus udus aqua,
quam quae rara vagos expectant retia turdos,
    quam Pompeiano vela negata noto,
quam quae de pthisico lapsa est armilla cinaedo,
    culcita Leuconico quam viduata suo,
quam veteres bracae Brittonis pauperis, et quam
    turpe Ravennatis guttur onocrotali.
hanc in piscina dicor futuisse marina.
    nescio; piscinam me futuisse puto. 

Mart. 3, 93

A un cónsul por año, Vetustila, ya viste pasar trescientos. Tenés tres pelos y cuatro dientes. Soltás chirridos, como las cigarras. Sos negra y chueca como una hormiga. Hay más arrugas en tu frente que en tu ropa. Las tetas te cuelgan con la consistencia de una telaraña. Comparada con la abertura de tu boca, las fauces de un cocodrilo del Nilo son más chicas. Las ranas de Ravena, croando, te superan al cantar. Hasta el zumbido de un mosquito de Venecia es más dulce que tu voz. Sos más chicata que las lechuzas por la mañana. Tenés olor a chivo, el culo flaco como el de un pollo y la concha más huesuda que un perro viejo. Te dejan entrar en los baños públicos, sólo una vez apagada la luz, mezclada entre esas putas de baja calaña, que rondan las tumbas ubicadas al costado del camino. Para vos sigue siendo invierno en pleno verano, ni afiebrada podrías descongelarte. Ya enterraste doscientos esposos, ¿aún así, loca, todavía querés casarte y encontrar alguien que se excite con tus cenizas? Es como si la tumba de la centenaria Satia buscara un marido. ¿Quién va a decirle “mi mujer” o “mi esposa” a la que hace poco el anciano Filomelo le decía “abuela”? Si pretendés que alguien ponga sus manos sobre tu cadáver, que se prepare un lecho del triclinio infernal –el único adecuado para tu noche de bodas– y que el incinerador de cuerpos encabece, fuego en mano, el séquito de tus nuevas nupcias: porque, en esa concha, sólo puede entrar una antorcha fúnebre.

cum tibi trecenti consules, Vetustilla,
et tres capilli quattuorque sint dentes,
pectus cicadae, crus colorque formicae;
rugosiorem cum geras stola frontem
et araneorum cassibus pares mammas;
cum conparata rictibus tuis ora
Niliacus habeat corcodilus angusta,
meliusque ranae garriant Ravennates,
et Atrianus dulcius culex cantet,
videasque quantum noctuae vident mane,
et illud oleas quod viri capellarum,
et anatis habeas orthopygium macrae,
senemque Cynicum vincat osseus cunnus;
cum te lucerna balneator extincta
admittat inter bustuarias moechas;
cum bruma mensem sit tibi per Augustum
regelare nec te pestilentia possit:
audes ducentas nuptuire post mortes
virumque demens cineribus tuis quaeris
prurire. Quid si Sattiae velit saxum?
quis coniugem te, quis vocabit uxorem,
Philomelus aviam quam vocaverat nuper?
quod si cadaver exigis tuum scalpi,
sternatur Acori de triclinio lectus,
talassionem qui tuum decet solus,
ustorque taedas praeferat novae nuptae:
intrare in istum sola fax potest cunnum.

Mart. 11, 19

¿Querés saber por qué no quiero casarme con vos, Gala? Porque tu lengua es purista. Mi anormativa pija, en cambio, tiende al error sintáctico.

Quaeris, cur nolim te ducere, Galla? Diserta es.
    Saepe soloecismum mentula nostra facit.

Mart. 9, 37

Aunque mientras estás en tu casa te emperifollan en plena Subura,  aunque te fabrican los pelos que te faltan, aunque por las noches te sacás la dentadura, como si se tratara de un vestido de seda, aunque te conservás en cien frascos de formol, aunque tu rostro no duerme con vos, igual me hacés señas, levantando las cejas que te colocan por la mañana. No sentís el más mínimo respeto por la canicie de tu concha, a la que ya podés contar entre tus abuelos. Me prometés el cielo, pero mi pija es sorda, y, por más que sea tuerta, igual puede verte.

Cum sis ipsa domi mediaque ornere Subura,
    Fiant absentes et tibi, Galla, comae,
Nec dentes aliter quam Serica nocte reponas,
    Et iaceas centum condita pyxidibus,
Nec tecum facies tua dormiat, innuis illo,
    Quod tibi prolatum est mane, supercilio,
Et te nulla movet cani reverentia cunni,
    Quem potes inter avos iam numerare tuos.
Promittis sescenta tamen; sed mentula surda est,
    Et sit lusca licet, te tamen illa videt.

Mart. 11, 43

Mujer, al sorprenderme penetrando a un muchacho, me increpás, con severidad, diciéndome que vos también tenés culo. ¡Cuántas veces le dijo lo mismo Juno al lascivo Júpiter! Pero él igual se sigue acostando con Ganímedes, aunque el muchacho esté ya bastante crecidito. Hércules dejaba el arco para arquear a Hilas, ¿vos te creés que Mégara, su mujer, no tenía nalgas? La fugitiva Dafne atormentaba a Febo, pero Jacinto, el muchacho de Ébalo, hizo extinguir esas llamas. Y aunque Briseida muchas veces se acostaba dándole la espalda a Aquiles, Patroclo, su amante de tersas mejillas, estaba siempre más cerca. Terminala, querida, con eso de ponerle nombres masculinos a las partes de tu cuerpo: andá haciéndote a la idea de que lo que tenés son dos conchas.
  
Deprensum in puero tetricis me vocibus, uxor,
    Corripis et culum te quoque habere refers.   
Dixit idem quotiens lascivo Iuno Tonanti!
    Ille tamen grandi cum Ganymede iacet.
Incurvabat Hylan posito Tirynthius arcu:
    Tu Megaran credis non habuisse natis?
Torquebat Phoebum Daphne fugitiva: sed illas
    Oebalius flammas iussit abire puer.
Briseis multum quamvis aversa iaceret,
    Aeacidae propior levis amicus erat.
Parce tuis igitur dare mascula nomina rebus,
    Teque puta cunnos, uxor, habere duos.

Mart. 1, 34

Siempre cogés con la puerta de la pieza abierta y sin llave. No escondés tus amores furtivos, el hecho de que te miren te calienta más que tus propios amantes y no te gusta gozar en privado. Las putas, en cambio, alejan a los testigos con cortinas y cerrojos, es raro que haya alguna hendija para poder espiar en los burdeles del Sumenio. Aprendé un poco de recato de Quione o de Yade, incluso las inmundas trolas que trabajan la calle se econden en algún edificio público para atender a los clientes. ¿Qué? ¿Te parece demasiado estricta mi crítica? Pero si te estoy diciendo que dejes de exhibirte nomás, no de coger.

Incustoditis et apertis, Lesbia, semper
     liminibus peccas nec tua furta tegis,
et plus spectator quam te delectat adulter
     nec sunt grata tibi gaudia si qua latent.
At meretrix abigit testem ueloque seraque
     raraque Submemmi fornice rima patet.
A Chione saltem uel ab Iade disce pudorem:
     abscondunt spurcas et monumenta lupas.
Numquid dura tibi nimium censura uidetur?
     deprendi ueto te, Lesbia, non futui. 

Mart. 8, 41

Póntico, nunca cogés, vivís en concubinato con tu mano izquierda y le rendís culto a Venus con tu amiga Manuela, ¿pensás que no importa? Es un terrible crimen, creéme, un crimen cuyas dimensiones tu mente apenas alcanza a comprender. Es cierto, a Horacio le alcanzó con ponerla una vez para engrendrar los trillizos, es cierto, a Marte le bastó un sólo polvo para que la recatada Ilia pariera los mellizos. Pero ambos se habrían quedado sin nada si se hubieran clavado una paja o dado infame placer con las manos. Te lo dice la propia naturaleza, Póntico, creéle: "eso que se te escurre entre los dedos es un ser humano."

Pontice, quod numquam futuis, sed paelice laeva
       uteris et Veneri servit amica manus,
hoc nihil esse putas? scelus est, mihi crede, sed ingens,
       quantum vix animo concipis ipse tuo.
nempe semel futuit, generaret Horatius ut tres;
       Mars semel, ut geminos Ilia casta daret.
omnia perdiderat si masturbatus uterque
       mandasset manibus gaudia foeda suis.
ipsam crede tibi naturam dicere rerum:
       "Istud quod digitis, Pontice, perdis, homo est."

Mart. 6, 23

Lesbia, me exigís que tenga siempre la pija parada. Escuchame, no es lo mismo una pija que un dedo. Además, aunque le insistas, aunque la toquetees y le hables de manera seductora, tu horrible cara funciona como una contraorden.

Stare iubes nostrum semper tibi, Lesbia, penem:
    Crede mihi, non est mentula, quod digitus.
Tu licet et manibus blandis et vocibus instes,
    Te contra facies imperiosa tua est.

Mart. 6, 36

Tu pija es tan grande como tu nariz, Pápilo: cuando estás al palo, te la podés oler.

Mentula tam magna est, quantus tibi, Papyle, nasus,
    Vt possis, quotiens arrigis, olfacere.

Mart. 9, 4

Uno puede cogerse a Gala por dos monedas de oro, e, incluso, más que cogérsela si le da otras dos monedas más. ¿Por qué vos le das diez, Esquilo? Gala no cobra tanto por mamarla. ¿Qué hace, entonces? Se calla.

Aureolis futui cum possit Galla duobus
    Et plus quam futui, si totidem addideris:
Aureolos a te cur accipit, Aeschyle, denos?
    Non fellat tanti Galla. Quid ergo? Tacet.

Mart. 3, 34

Te voy a decir por qué estás y no estás a la altura de tu nombre: sos frígida, pero negra, asi que sos Nieves, pero a la vez no lo sos.

Digna tuo cur sis indignaque nomine, dicam.
    Frigida es et nigra es: non es et es Chione.

Mart. 2, 33

¿Que por qué no te beso, Filenis? Sos pelada.
¿Que por qué no te beso, Filenis? Sos colorada.
¿Que por qué no te beso, Filenis? Sos tuerta.
El que "besa" algo así no lo besa, Filenis, lo mama.


Cur non basio te, Philaeni? calva es.
Cur non basio te, Philaeni? rufa es.
Cur non basio te, Philaeni? lusca es.
Haec qui basiat, o Philaeni, fellat.

Mart. 11, 6

Roma, cubierta de gorros festivos, supongo que vas a pemitirme, durante estos desfachatados días consagrados a Saturno y dominados por el azar, bromear con algunos versos poco trabajados. Te reíste, entonces puedo, no me lo prohibís. ¡Aléjense de acá, pálidas preocupaciones!. Digamos todo lo que se nos ocurra, sin pensarlo demasiado. Andá mezclando dos medidas de vino con una de agua en las copas, muchacho, como lo hacía el liberto Pitágoras para Nerón. Pero vos hacélo con mayor frecuencia, Díndimo, porque aunque sobrio soy incapaz de componer nada, cuando haya tomado un poco vendrán en mi ayuda quince poetas. Y ahora besame, pero como Lesbia: si me das tantos besos como los que enumeró Catulo, yo te prometo que te doy un pajarito como el de él.

Vnctis falciferi senis diebus,
Regnator quibus imperat fritillus,
Versu ludere non laborioso
Permittis, puto, pilleata Roma.
Risisti; licet ergo, non vetamur.
Pallentes procul hinc abite curae;
Quidquid venerit obvium, loquamur
Morosa sine cogitatione.
Misce dimidios, puer, trientes,
Quales Pythagoras dabat Neroni,
Misce, Dindyme, sed frequentiores:
Possum nil ego sobrius; bibenti
Succurrent mihi quindecim poetae.
Da nunc basia, sed Catulliana:
Quae si tot fuerint, quot ille dixit,
Donabo tibi passerem Catulli.


Boston 08.31 c, skyphos. Museum of Fine Arts, Boston.

Aclaración:
Poema relacionado con Catull. 2; Catull. 3; Mart. 1, 7; y Mart. 7, 14.

Mart. 7, 14

Aulo, la desgracia que ha sufrido mi amada no tiene nombre. Ha perdido aquello con lo que jugaba y se regodeaba, cosa que no puede compararse ni con la pérdida llorada por Lesbia, la amante del tierno Catulo, cuando se quedó sin las travesuras de su pajarito, ni con la pérdida llorada por Jántide y cantada por mi amigo Estela, cuya negra paloma ahora vuela en los campos Elíseos. A la luz de mis ojos no le atraen ni aquellos versitos ni estas costumbres. No es esa la clase de desgracia que conmueve el pecho de mi amada: lo que ha perdido es un esclavo de doce años, cuya pija aún no era muy larga.

Accidit infandum nostrae scelus, Aule, puellae;
    Amisit lusus deliciasque suas:
Non quales teneri ploravit amica Catulli
    Lesbia, nequitiis passeris orba sui,
Vel Stellae cantata meo quas flevit Ianthis,
    Cuius in Elysio nigra columba volat:   
Lux mea non capitur nugis neque moribus istis,
    Nec dominae pectus talia damna movent:
Bis denos puerum numerantem perdidit annos,
    Mentula cui nondum sesquipedalis erat.


Aclaración:
Poema relacionado con Catull. 2; Catull. 3; Mart. 1, 7; y Mart. 11, 6.

Mart. 1, 7

La paloma, regodeo del poeta Estela –lo voy a decir, Máximo, aunque lo escuche Verona– derrotó al pajarito de Catulo. Mi amigo Estela supera a tu Catulo en igual proporción que una paloma a un gorrión.

Stellae delicium mei columba,
Verona licet audiente dicam,
vicit, Maxime, passerem Catulli.
tanto Stella meus tuo Catullo
quanto passere maior est columba.


Aclaración
Poema relacionado con Catull. 2; Catull. 3; Mart. 7, 14; y Mart. 11,6

Mart. 9, 57

No hay nada más percudido que el manto de Hedilio: ni las asas de las antiguas ánforas de Corinto, ni un tobillo limado diez años por el grillete, ni el cuello de una mula sujeta al yugo, ni las pulidas irregularidades de la via Flaminia, ni las piedritas erosionadas en las costas, ni el romo azadón de los viñedos etruscos, ni la toga casi transparente del ciudadano más pobre, ni la desgastada rueda de un lento carro tirado por mulas, ni el lomo de un bisonte alisado por los barrotes de su jaula, ni el envejecido colmillo de un feroz jabalí. Pero hay algo que ni el propio Hedilio negaría: tiene culo más percudido que el manto.

Nil est tritius Hedyli lacernis:
Non ansae veterum Corinthiorum,
Nec crus compede lubricum decenni,
Nec ruptae recutita colla mulae,
Nec quae Flaminiam secant salebrae,
Nec qui litoribus nitent lapilli,
Nec Tusca ligo vinea politus,
Nec pallens toga mortui tribulis,
Nec pigri rota quassa mulionis,
Nec rasum cavea latus visontis,
Nec dens iam senior ferocis apri.
Res una est tamen: ipse non negabit,
Culus tritior Hedyli lacernis.

Mart. 9, 47

Hablás de Demócritos, de Zenones, de incomprensibles Platones, y de cualquier barbudo esculpido en en una estatua, casi como si fueras el sucesor y heredero de Pitágoras. La verdad es que la barba que te cuelga ahí adelante no es menos larga, pero -cosa que ya no está bien en tipos con olor a chivo y pelo en pecho- te encanta sentirla bien dura adentro de ese culo fofo. Che, vos que conocés los orígenes y la trascendencia de las distintas escuelas filosóficas, decime, Panicio, ¿cómo se llama la doctrina esa de dejarse culear?

Democritos, Zenonas inexplicitosque Platonas
    quidquid et hirsutis squalet imaginibus,
sic quasi Pythagorae loqueris successor et heres.
    praependet sane nec tibi barba minor:
sed quod et hircosis serum est et turpe pilosis,
    In molli rigidam clune libenter habes.
tu, qui sectarum causas et pondera nosti,
    Dic mihi, percidi, Pannyche, dogma quod est?

Mart. 2, 28

Reíte nomás, Sextilo, de ese que te llamó puto, hacele "fuck you" con el dedo. Vos no se la metés a nadie, Sextilo, ni por adelante ni por atrás, y tampoco te gusta la boca caliente de Vetustina. Es cierto, no hacés ninguna de estas cosas. Entonces, Sextilo, lo que sí hacés, ¿qué es? Yo no sé, pero vos sí: quedan sólo dos variantes más. 

Rideto multum qui te, Sextille, cinaedum
Dixerit et digitum porrigito medium.
Sed nec pedico es nec tu, Sextille, fututor,
Calda Vetustinae nec tibi bucca placet.
Ex istis nihil es, fateor, Sextille: quid ergo es?
Nescio, sed tu scis res superesse duas.